POSTS DE ARABAT

martes, 22 de febrero de 2011

ME ENCANTAN LOS RELOJES

El otro día me preguntó mi hija de 7 años que cuando le iba a comprar su primer reloj. Yo le dije que si se acordaba de lo que le había enseñado hacía un par de semanas, le compraba uno ahora mismo. Le pregunté que cuántos segundos tiene un minuto, ella contestó a boleo "...mmm.... ¿diez?...". Vale, contesté mirando al techo. ¿Y cuántos minutos tiene una hora? Insistí con esperanza. "¿Trece? ¿...¿He acertado, he acertado??" Me devolvió ella con gran ilusión.

Aquello me hizo recordar las ganas que también tenía yo a su edad de ponerme en la muñeca mi primer reloj. Que ilusión me hizo. El mío fue un pequeño reloj digital, negro, con los números bien grandes. Un reloj que me trajo mi padre de Londres... no lo olvidaré nunca.
Realmente el tema de la hora era lo de menos, lo que más me gustaba era ver lo bien que me sentaba en la mano, cómo habían hecho aquella pulsera de goma tan flexible y blandita y me gustaba limpiar el cristal con mi camiseta...

Hoy, me pasa lo mismo que entonces. Cada vez que me compro o me regalan un reloj nuevo, me miro la mano de cerca o alargando el brazo, con los dedos abiertos o con el puño cerrado... lo toco y lo limpio. Ahhh, qué gustazo da estrenar un reloj nuevecito. También hoy como entonces, la hora es lo que menos interesa, cuando hay que mirarla se mira y punto.



A mi, personalmente me gusta que los relojes pesen un poco, las ligerezas no son lo mío, quiero recordar todo el tiempo que está ahí, que es mío. No me importa que sea un reloj de plástico o uno de acero, la cosa es que note aquello como una extensión artificial de mi cuerpo.



Hace tiempo, se me ocurría que si me tocaba una buena lotería, me gastaría un dineral en uno de esos relojes casi perfectos, que no suenan, que son sumergibles hasta donde nunca voy a llegar, que tienen unos detalles que consiguen que descubra algo nuevo casi cada vez que lo miro... hasta hoy, hoy me doy cuenta de que no es necesario ganar la primitiva para tener una de esas joyas, que por 200 euros, por 300 o por 400 me llevo a la mano una pieza precisa y preciosa, un reloj que jamás jubilaré y que otras generaciones rescatarán felices de algún joyero.

En pocos días mi hija cumple años y le regalaré su primer reloj, aquel que jamás olvidará.



¡Me encantan los relojes!

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